sábado, 28 de febrero de 2009

DORMIR MAL CAUSA TRASTORNOS MENTALES




El tratamiento de los trastornos del sueño podría ser útil para los problemas psiquiátricos asociados
Emma Young
New Scientist


LONDRES.- Cualquiera pensaría que una persona con un trastorno psiquiátrico duerme mal a causa de su enfermedad. Pero hoy existe una interpretación drásticamente diferente: propone que el déficit de sueño puede, de hecho, ser la causa de algunas de estas enfermedades o, por lo menos, que llevaría a las personas a comportarse de manera que los doctores le atribuyeran problemas mentales. La buena noticia es que los tratamientos del sueño podrían ayudar e incluso curar a algunos de estos pacientes.

Nadie sabe cuántas personas pueden entrar dentro de esta categoría. "Es terrible -opina Matt Walker, psicólogo de la Universidad de California en Berkeley-. ¿No debería ser importante para nosotros como sociedad saber si el tres, el cinco o el cincuenta por ciento de las personas diagnosticadas con problemas psiquiátricos en realidad sólo sufren de un sueño anormal?"

Primero tendríamos que saber cómo y hasta qué punto los desórdenes del sueño pueden ser responsables de los problemas psiquiátricos. Los médicos que los estudian notaron hace mucho que el sueño errático de alguna manera se relaciona con estas condiciones. Los adultos con depresión, por ejemplo, son cinco veces más propensos a tener dificultad para respirar al dormir que una persona sana, mientras que entre un cuarto y la mitad de los niños con desorden de hiperactividad y déficit de atención (ADHD, según sus siglas en inglés) sufren de complicaciones del sueño, comparados con sólo el 7% de los otros chicos.

"Era más fácil suponer que el paciente deprimido o esquizofrénico no puede dormir bien, sin preguntarse si la relación casual no sería la inversa", dice Robert Stickgold, investigador del sueño de la Universidad de Harvard. La suposición de que dormir mal era un síntoma más que una causa de las enfermedades mentales era tan fuerte que nadie la cuestionaba, más allá de que existen estudios para demostrar esto último.

Insomnio
En 1987, por ejemplo, Patricia Chang y sus colegas de la Universidad Johns Hopkins, de Baltimore, hicieron un estudio con 1053 estudiantes a los que siguieron durante alrededor de 34 años después de su graduación. Durante este período, 101 de ellos sufrieron depresión clínica y 13 se suicidaron. Resultó que los estudiantes que afirmaron tener insomnio eran dos veces más propensos a desarrollar depresión que los demás.

El equipo, entonces, concluyó, con ciertos reparos, que el insomnio era indicativo de problemas de mayor riesgo. Stickgold va incluso más lejos. El cree que el estudio muestra que el insomnio puede predisponer a las personas a la depresión.

Paul Peppard, de la Universidad de Wisconsin-Madison estudió la relación entre la depresión y el desorden de respiración al dormir (SDB, según sus siglas en inglés). En la apnea del sueño, la forma más común de SDB, se bloquea la tráquea, lo que hace caer los niveles de oxígeno y nos despierta temporalmente. Peppard halló una relación entre los trastornos del sueño y la depresión.

Dormir mal también puede explicar algunos comportamientos característicos de otras enfermedades mentales. Hay muchas evidencias que sugieren que puede llevar a personas con desorden bipolar a tener episodios maníacos, según un artículo publicado en mayo último. Stickgold cree que también estaría relacionado con un problema muy común de la esquizofrenia, el no poder dominar las habilidades para usar grandes maquinarias. Mientras en las personas sanas las habilidades motoras mejoran durante la noche, el equipo de Stickgold encontró que los pacientes con esquizofrenia crónica no lo logran.

Los investigadores identificaron una falla específica en un componente del aprendizaje de procedimientos que depende del sueño; de modo que, en teoría, un mejor sueño reduciría estos síntomas.

¿Cómo es, entonces, que dormir mal desencadena problemas de conducta y psicológicos? Algunas explicaciones son obvias. Por ejemplo, todo padre sabe que cuando los niños están cansados se vuelven hiperactivos y no somnolientos. Las disrupciones durante el sueño también acarrean un aumento de los niveles de las hormonas del estrés, que producen ansiedad durante el día, un componente de muchos de los desórdenes psiquiátricos. Además, ahora parece ser que también interfiere con la habilidad cerebral de procesar emociones y reaccionar a estímulos emocionales de manera apropiada.

Si bien es sabido que dormir mal una noche hace que uno esté más irritable al día siguiente, Walker y sus colegas descubrieron evidencia clave de por qué esto es así. Su estudio reveló que en las personas privadas de sueño, la amígdala (una parte primitiva y emocionalmente reactiva del cerebro) no lograba comunicarse con el lóbulo prefrontal, que en general controla la parte emocional del cerebro. "La razón por la cual no nos volvemos locos cuando alguien dice algo que no nos gusta es porque tenemos una corteza prefrontal muy desarrollada, que actúa como freno emocional", explica Walker.

La pérdida de comunicación entre la amígdala y el lóbulo prefrontal, entonces, podría ser una de las maneras en que la falta de sueño puede crear síntomas psiquiátricos.

Cada vez hay más evidencias de que en particular el sueño REM ayuda al cerebro a procesar recuerdos. Si se daña este mecanismo, esto podría causar problemas psicológicos, tales como el desorden de estrés postraumático.

Queda claro que todavía hay mucho trabajo por delante para desentrañar los caminos que unen los trastornos del sueño con los desórdenes psiquiátricos. Entre las anormalidades que todavía hay que explicar está el hecho de que las medicaciones antidepresivas reducen el sueño REM y, sin embargo, son muy efectivas. También existe el descubrimiento inexplicable de que muchas personas con depresión aseguran sentirse más felices después de una noche sin dormir.

Sin embargo, en cuanto a cómo y hasta qué punto exactamente los desórdenes del sueño son responsables de problemas psiquiátricos, Walker sostiene que "hace cinco años estas preguntas no estaban siquiera en el mapa de nadie, ni siquiera de los científicos. El hecho de que ahora nos las hagamos significa que, inevitablemente, llegaremos a responderlas".

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